La mujer escribe y eso es lo que importa










19 de enero de 2017

Alejandro Schmidt, 3 poemas 3 (de Árbol viudo)


Fotografía de Katerina Plotnikova




DESCANSAR


Ese monstruo se arrimó a su pecho
Vive
Pequeñito
Nada quiere
Sino
Llegar hasta eso de tu amor
Y descansar

Descansar



Fotografía de d. yee



LA VIDA ARRUINADA

Al encontrarse con la vida arruinada
Comprende que
Una existencia desmejorada
Es superior al viento
Y los botines de Hans Litten

Anduvieron por mundos
Llovieron
Cantaron en la taberna de Amberes

Hasta que esa vida
Deseó amor

La insensatez

Entonces

Mostró el árbol su viudez
Los lentísimos brotes
Y el modo en que tierno
Trae fantasmas

Luz
De ausencias

Así
Vivir
Y sólo vivir

Se transformó en ahorcados
Urracas
Ramas rotas

Y fueron uno

Raíz derrota

Azar destino



Fotografía de Gary Orona



EL CIELO

El cielo siempre es cielo
Qué más podría ser

También espejo de jade del emperador

Inclinan las plantas su tocado
Novias bordadas en la luz

En sombras
Se besan
Niños, ramos

Así sucede
Belleza

El cielo es lo terrestre
Lo imposible
Qué más podría ser




Alejandro Schmidt 
(Villa María, Córdoba, Argentina, 1955)
POETA/EDITOR/PERIODISTA CULTURAL/BLOGUERO
de Árbol viudo, Editorial Cartografías,
Colección Archipiélago, 2011
para leer MÁS

18 de enero de 2017

Fadwa Tuqan, 3 poemas 3


Fotografía de Boris Pasmonkov



SÓLO QUIERO ESTAR EN SU SENO

Sólo quiero morir en mi tierra,
que me entierren en ella,
fundirme y desvanecerme en su fertilidad
para resucitar siendo hierba en mi tierra,
resucitar siendo flor
que deshoje un niño crecido
en mi país.

Sólo quiero estar en el seno de mi patria
siendo tierra
hierba
o flor.

(de La noche y los jinetes, 1969)
Traducción de María Luisa Prieto



Fotografía de Boris Pasmonkov




EL DILUVIO Y EL ÁRBOL

El día en que el diabólico ciclón se propagó tiránico.
El día en que costas salvajes arrojaron
el oscuro diluvio
contra la tierra buena y verde,
gritaron (y a través de los aires, sus “albricias”
resonaron por todas las agencias):
Ha caído el árbol.
El poderoso tronco está aplastado.
Ya, ni un asomo de vida para el árbol
dejó la tempestad.

El árbol ha caído...
¡Perdón, rojos arroyos!
¡Perdón, raíces regadas
con el vino que sangran los cadáveres!
¡Perdón, raíces árabes,
hundidas como rocas en la entraña,
y que cada vez más os entrañáis!

El árbol se alzará.
El árbol se alzará, y sus ramas,
al sol, irán creciendo;
en risas verdeciendo, y en hojas,
cara al sol.
Y el pájaro vendrá,
no tiene más remedio que venir.
El pájaro vendrá.
El pájaro vendrá.




Fotografía de Boris Pasmonkov


POLVO

El final
de mi largo camino
hasta donde yo llegue, en cualquier destino,
es el premio de los años
no el de llegar.
¿Porqué me apresuro? ¿Qué quiero
de mi viaje
por esos desiertos
como una sombra fugitiva?
Mis pies consumidos por las rocas
las olas del viento que siguen dando vueltas
y vueltas conmigo
mientras yo sigo a través de este vacío
de esta soledad.
Polvo, polvo
delante y detrás mío; a mi alrededor, polvo.
Corro y corro; y en mis manos
solo la ilusión, nada.
Cansada, cansada.
El final
de mi largo camino,
aunque éste se alargue,
de cualquier destino,
es el premio de los años,
no el de llegar.

Traducción de Manuel Jiménez Lucena




Fadwa Tuqan
(Nablus, Cisjordania, 1917 - 2003)
para leer más en PALESTINA LIBRE
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